IA

Por dónde empezar con la IA en la empresa

Antes de sumar la IA a su empresa, explicamos qué tareas son candidatas a la automatización, cómo preparar los datos y cómo montar un piloto pequeño.

Equipo de rabbitclipPublicación: 5 min. de lectura

Cuando un empresario pone la inteligencia artificial sobre la mesa, suele irse a uno de dos extremos. O intenta automatizar todos los procesos a la vez, o da por hecho que no le sirve y ni siquiera lo mira. Los dos son puntos de partida equivocados, porque la inteligencia artificial no es una sola cosa, sino un conjunto de herramientas que encajan de forma muy distinta según la tarea. Un montaje que funciona en una empresa puede no dar el mismo resultado en un sector completamente diferente.

La pregunta correcta no es si debo usar inteligencia artificial, sino qué parte de mi trabajo encaja con ella. En este artículo explicamos paso a paso cómo responder a esa pregunta, qué tareas están listas para la automatización, cuáles deben seguir en manos de una persona, qué hay que preparar en los datos y cómo montar un piloto pequeño. La respuesta suele exigir menos conocimiento técnico del esperado y mucho más conocimiento del día a día del negocio.

Primero, deje claro qué tarea va a automatizar

Antes de delegar un proceso en la inteligencia artificial, anote con qué frecuencia se repite, cuánto tiempo consume y con qué claridad están definidas sus reglas. Si la mayoría de las preguntas de los clientes entran en cinco o seis patrones, si se consulta el estado de un pedido una y otra vez, si se revisan documentos con el mismo formato; son buenos candidatos. Si cada caso exige una decisión distinta según el contexto, todavía es pronto.

Medir el tiempo es un paso que casi siempre se salta. Preguntar a alguien del equipo cuántas horas a la semana dedica a esa tarea es la forma más simple de ver qué proceso tiene prioridad. Si la respuesta no es clara, pídale que lo anote unos días; la estimación suele quedar lejos del tiempo real.

  • ¿Es una tarea repetitiva que ocupa al menos unas horas a la semana?
  • ¿Hay reglas claras detrás de la decisión o cada caso depende del contexto?
  • Si el margen de error debe ser bajo, como al revisar facturas, ¿sigue haciendo falta la validación humana?
  • ¿Existen suficientes datos históricos sobre esta tarea?
  • ¿Cuánto cuesta que algo salga mal?

Qué tareas deben seguir en manos de una persona

El primer contacto con el cliente, las quejas delicadas, la negociación de precio; estos asuntos suelen quedar mejor en manos de una persona, al menos para que alguien dé la última palabra. La inteligencia artificial puede estar presente, pero como apoyo que sugiere, no como quien decide.

Antes de delegar una tarea, conviene preguntarse: si esto sale mal, ¿quién se da cuenta? Si la respuesta es nadie, hace falta montar un punto de control antes de delegarla. A veces basta con revisar una muestra semanal.

Un ejemplo: una tienda online delega la mayoría de las preguntas de sus clientes a un asistente, pero cuando llega una queja sobre el precio o una solicitud de devolución, la conversación pasa automáticamente a una persona del equipo. Trazar esa línea desde el principio ha protegido la satisfacción del cliente y ha dejado que el equipo dedique su tiempo a las decisiones realmente difíciles.

Sin preparar los datos, ningún modelo funciona

La mayoría de los proyectos empiezan por montar primero la inteligencia artificial y ya arreglaremos los datos después, y es justo ahí donde se atascan. Hojas de cálculo desordenadas, fichas de clientes en formatos distintos, campos incompletos; nada de esto se arregla solo, y ningún modelo da buenos resultados mientras siga así.

Preparar los datos es un paso aburrido pero imposible de saltarse. Dedicar una semana a averiguar dónde está guardada la información actual, qué campos faltan y qué registros están duplicados acelera todos los pasos siguientes y reduce las sorpresas que aparecen más adelante.

  • ¿Los datos están en un solo sitio o repartidos en varios sistemas?
  • ¿Campos como nombre, fecha o importe se registran con un formato coherente?
  • ¿Qué porcentaje de los registros está incompleto o mal cargado?
  • Si hay datos personales, ¿tiene claro a qué normativa están sujetos?

Empiece con un piloto pequeño

En lugar de cambiar todo el proceso de golpe, pruebe una sola tarea, en un solo equipo, durante un tiempo limitado. Cuatro o seis semanas suelen bastar para ver si de verdad ahorra tiempo y si el índice de errores sube o baja.

No decida extenderlo a toda la empresa antes de que termine el piloto. Un problema que pasa desapercibido a pequeña escala se multiplica a gran escala y sale mucho más caro de corregir.

Recoger comentarios del equipo durante el piloto es tan importante como los datos numéricos. Que una herramienta quede bien en un informe no significa que facilite el trabajo a quien la usa cada día; si ambos datos se contradicen, suele pesar más la observación de quien la usa.

Herramienta lista o desarrollo a medida

Para un piloto pequeño casi siempre basta con una herramienta ya existente; los asistentes de chat para atención al cliente o los clasificadores de correo se montan en pocos días. El desarrollo a medida entra en juego cuando el negocio depende de un proceso realmente propio o cuando las herramientas disponibles no cubren la necesidad.

No tome esa decisión antes de terminar el piloto. Pruebe primero con una herramienta ya existente; si funciona y el uso crece, pasar a un desarrollo a medida suele ser menos arriesgado que construir un sistema propio desde el principio.

Cómo medir el resultado

No confunda el éxito de un proyecto de inteligencia artificial con lo estamos usando. Lo que hay que medir es si el tiempo de gestión baja de verdad, cómo cambia el índice de errores y si el equipo confía en la herramienta.

El error más habitual es lanzar el piloto y no medir nunca el resultado. Al cabo de tres meses, cuando se pregunta si funciona, nadie tiene una respuesta clara; por eso conviene fijar desde el inicio qué cifra se va a vigilar y revisarla con regularidad.

Para medir no hace falta un panel complicado. Anotar cada semana en una tabla sencilla el tiempo de gestión, el número de errores y la satisfacción del equipo da, al cabo de unos meses, una imagen clara que además orienta qué tarea elegir para el siguiente piloto.

Incorporar la inteligencia artificial a la empresa no tiene por qué ser un gran proyecto de transformación. Eligiendo bien la tarea, preparando los datos, empezando pequeño y midiendo el resultado, en pocos meses se ve dónde marca realmente la diferencia. Hacer bien una sola tarea, en lugar de intentar automatizarlo todo a la vez, da un resultado más duradero y más fácil de medir.

Preguntas frecuentes
¿Cuánto presupuesto debo destinar a un proyecto de inteligencia artificial?

Depende del alcance de la tarea elegida; suscribirse a una herramienta ya existente y desarrollar un modelo a medida exigen presupuestos muy distintos. Para un piloto pequeño no suele hacer falta una gran inversión; lo primero es dejar claro qué tarea se va a automatizar.

Mi equipo no tiene conocimientos técnicos, ¿podemos empezar igualmente?

Sí, muchas herramientas ya existentes se montan sin conocimientos técnicos. Lo difícil no es la parte técnica, sino decidir qué tarea es la adecuada y mantener los datos ordenados, y eso exige que el equipo conozca bien el proceso.

¿La inteligencia artificial sustituye al equipo actual?

Un sistema bien planteado no absorbe toda la tarea, sino la parte repetitiva, y libera al equipo para dedicarse a decisiones que exigen más criterio. El miedo a ser sustituido suele venir de elegir mal qué tarea automatizar.

Si no sabe por dónde empezar, está en el lugar correcto.

Puede que el proyecto que tiene en mente ya esté claro, o que sea solo una idea. Cualquiera de las dos vale. Hablemos en una breve consulta de dónde está y hacia dónde puede llegar.

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